En octubre de 1967, en Santiago de Chile, se fundó el Club de Automóviles Antiguos de Chile (CAACH), una institución que surgiría de la pasión y visión de un pequeño grupo de entusiastas decididos a rescatar y preservar el patrimonio automotor nacional. Este acontecimiento se da en una época marcada por el apogeo de la industria automotriz mundial, con vehículos lujosos y de refinado diseño provenientes principalmente de Alemania, Italia y Estados Unidos. Sin embargo, en Chile, la motivación principal era distinta: no se trataba de seguir la tendencia del mercado, sino de conservar los automóviles de las primeras décadas del siglo XX, reconociéndolos como piezas fundamentales del patrimonio artístico, cultural, técnico y social del país.
El CAACH nació del esfuerzo de pioneros que, sin dimensionar entonces el alcance de su iniciativa, sentaron las bases para una institución que, con el tiempo, se convertiría en referente de conservación y difusión del automóvil como objeto icónico del paisaje urbano y símbolo de los estilos modernos de vida. Entre sus fundadores, destacan figuras que aportaron no solo sus vehículos, sino también historias personales, conocimientos y una inquebrantable pasión por los autos antiguos.
Los Fundadores e Inspiradores del CAACH
Joaquín Lewin fue el primer presidente del club (1967-1969) y, posteriormente, el primer socio honorario en 1980. De origen extranjero, llegó a Chile en 1948 tras la Segunda Guerra Mundial y, con los años, se estableció como comerciante. Su pasión por los autos antiguos se consolidó tras un viaje a Nueva York, donde presenció un desfile de vehículos históricos. Este acontecimiento marcó el inicio de su colección personal y el deseo de crear en Chile un museo automotriz. Como parte de su entusiasmo, Lewin describía su afición como una “enfermedad” llamada Automovilitis Antigüitis, cuyos síntomas incluían la búsqueda constante de autos antiguos, piezas y miniaturas, y cuya única cura era restaurar y disfrutar de estos vehículos.
Lewin convocó a otros apasionados, publicando avisos en diarios y colocando letreros en sus autos, lo que permitió reunir a personas con intereses comunes. Así, en torno a Tuperac, su negocio en la calle Diez de Julio, comenzó a gestarse el grupo fundador del CAACH.
Entre los primeros socios está el Dr. Carlos Verdugo, quien fue “capturado” por Lewin para integrar el club. Verdugo, estudiante de medicina en aquel entonces, adquirió y reparó su propio auto antiguo por necesidad y luego, por nostalgia, restauró otro similar años después. Su vínculo con Lewin llevó a la consolidación de su afición y, más adelante, lo posicionó como presidente del club entre 1970 y 1989. Durante su gestión, el CAACH vivió un proceso de resurgimiento, expansión y vinculación con otros clubes latinoamericanos e internacionales, integrándose a la Fédération Internationale des Véhicules Anciens (FIVA).
Manuel Gutiérrez Luque, socio N° 2, era empresario e importador de autos. Poseía una destacada colección de vehículos y miniaturas, y se desempeñó como presidente del club entre 1969 y 1970. Su pasión por los autos lo llevó a restaurar numerosos modelos, entre los que sobresalía un Ford de 1927 y una colección de grabados en plata sobre la historia del automóvil.
Los hermanos húngaros Béla y György (Gyuri) Szánthó Pongrácz, socios N° 3 y N° 9, llegaron a Chile siendo niños y cultivaron desde temprano el interés por los vehículos antiguos. En particular, Béla se especializó en la marca Cadillac, llegando a poseer un Phaeton personalizado de 1929, utilizado antaño como auto oficial de la Presidencia de la República. Su hermano Gyuri restauró un Cadillac 1923, ambos participando activamente en las actividades del club y en memorables rallies.
El socio N° 4, Jorge de la Barra Viollier, adquirió su pasión por los autos antiguos en el Valle de Casablanca antes de 1960. Junto con su esposa, recorrió el sur de Chile en busca de repuestos originales, restaurando piezas emblemáticas como un Renault Town Car Chauffer de 1908 y un Ford T de 1914, con el que ganó el primer concurso del club.
Una figura singular es Carlos Verdugo Ramírez de Arellano, hijo del Dr. Verdugo, quien con apenas 12 años se convirtió en el socio más joven (N° 5), colaborando activamente en la restauración y conservación de vehículos, participando en rallies y cumpliendo roles administrativos y técnicos dentro del club.
Gerardo Kalbhenn Behrens, socio N° 6, llegó desde Alemania en 1961 y se integró al mundo automotriz cautivado por Lewin, quien le vendió su Ford A 1929 a cambio de pasteles de su incipiente pastelería Mozart. Desde entonces, Kalbhenn ha sido presidente del CAACH en varias ocasiones y anfitrión de numerosas actividades sociales y rallies.
Hernán Schiaffino, socio N° 7, ingresó temprano al club y se desempeñó como secretario en las primeras directivas. Como antiguo piloto, encontró en los autos clásicos una nueva forma de disfrutar su pasión automovilística, acumulando una colección significativa de vehículos históricos.
Juan “Johnny” Borghero, socio N° 8, conoció a Lewin por su necesidad de repuestos para un Ford T adquirido cuando era cadete de aviación. Junto a otros propietarios, fue pieza clave en la gestación del club y en la organización de eventos y ferias de repuestos.
Patricio Larraín Munita (N° 10) y Manuel “Mañungo” Lira Infante (N° 12), grandes amigos y entusiastas de los autos antiguos, fundaron la concesionaria “Manuel Lira y Cía.” en 1974, representando marcas como Hyundai y Peugeot. Ambos ingresaron al CAACH en los años 70, aportando humor, colaboración y experiencia técnica.
Jesús Diez Martínez (N° 11) y su hijo Jesús Diez González (N° 16) también jugaron un rol fundamental en el desarrollo del club, organizando rallies y contribuyendo a la logística institucional. La pasión de Jesús Diez por los autos antiguos se tradujo en la creación del Museo Jedimar, inaugurado tras su muerte.
Consolidación, Actividades y Reconocimiento
El CAACH, al consolidarse como institución, fue escenario de constantes reuniones y tertulias, donde sus miembros compartían experiencias, planificaban concursos y actividades, y se forjaban lazos de amistad que perduran hasta hoy. La primera exposición de autos antiguos se realizó en la Escuela Militar, con los socios vestidos a la usanza de época, marcando un hito en la difusión de la cultura automovilística en Chile.
Desde sus inicios, el club contó con el respaldo de la prensa, que difundió sus actividades y atrajo a más entusiastas. Medios como La Tercera y El Mercurio publicaron reportajes y entrevistas, resaltando el carácter integrador, amistoso y cultural de la institución. Lewin, en una de estas entrevistas, invitaba a participar a todos los dueños de automóviles antiguos, enfatizando la importancia de conservarlos en estado original y su valor patrimonial.
El club no solo impulsó la restauración y exhibición de automóviles, sino que también promovió la solidaridad y el intercambio de conocimientos entre sus miembros. El Dr. Verdugo, en declaraciones a la prensa, destacaba el espíritu de amistad y sacrificio necesario para pertenecer al club, subrayando que el automóvil antiguo es fuente de cultura y entendimiento.
Legado y Proyección
La historia de la fundación y consolidación del CAACH es, en esencia, la historia de un grupo diverso de personas unidas por la pasión y el respeto por el automóvil antiguo, quienes supieron reconocer en estos vehículos mucho más que máquinas: verdaderos testigos y protagonistas de la historia social y tecnológica de Chile. Su legado se mantiene vivo en la labor de rescate, restauración y difusión del patrimonio automotor, así como en el fortalecimiento de lazos comunitarios y culturales que trascienden generaciones.
